El Sueño de una Bruja

Un Sueño.

El relámpago refulgió a través de los amplios ventanales del dormitorio, proyectando pequeños rombos de luz que inundaron la estancia con un centenar de colores. Los haces luminosos culebrearon por entre las vetas del suelo de mármol verde, ascendieron por las delicadas columnas de coral tallado y se dispersaron a lo largo del techo, decorado con mosaicos de extrañas criaturas marinas.

Poco después llegó el trueno, como la furiosa llamada de un dios terrible y lleno de ira.

Elarya Melenargenta abrió los ojos, aun cegados por las nieblas del sueño. Bajó de la cama, vestida tan solo con un camisón de finas escamas azules. Su larga melena de hebras de plata estaba revuelta, con enredos que Marhavia, su joven asistenta, tardaría horas en deshacer a golpe de cepillo. Descalza, de puntillas, caminó sobre el frio mármol, sintiendo como las imágenes del sueño acudían, vívidas, a su mente cada vez mas despejada:

Ejércitos de duendes de piel blanca, tan fríos por dentro como por fuera, marchando sobre los Reinos, dejando a su paso tan solo campos baldíos y largas filas de esclavos encadenados que jamás volverían a ver su tierra.

Un hombre de carne, metal y tristeza infinita alzándose sobre un mar de lava hirviente, portando en sus manos un martillo capaz de conjurar tormentas.

Terribles espectros encadenados, prisioneros en cámaras de bronce, despojados de su poder para servir a un mal aun mayor.

Una guerrera de cabellos negros como una noche sin estrellas, empuñando un mandoble de madera quemada contra una montaña de nieve. Helados vientos aullaban contra ella, quemando su piel, susurrando terribles amenazas y tratando de romper su determinación. Sin saber cómo, un nombre acudió a su mente… “Mandrágora”.

Y las nieves se extendían hasta cubrir toda la tierra…

Entonces estalló el trueno y despertó. En seguida supo que no había sido un sueño, sino un atisbo de oscuros tiempos aun por venir.

Elarya abrió al baúl que había a los pies de su cama. Revolvió durante unos minutos entre tesoros grandes y pequeños hasta sacar, con gesto triunfal, una cajita de madera lacada y bisagras de bronce. Dio un tirón a una de las mantas mas gruesas de la cama y la arrojó sin ceremonias sobre el suelo de mármol de su dormitorio, cerca de la chimenea que aun despedía un ligero fulgor. Se sentó  en una esquina y abrió la caja, esparciendo su contenido sobre la mullida superficie. Las pequeñas runas de marfil cayeron formando un dibujo sin sentido.

O al menos, sin sentido para alguien poco versado en conjuros y hechicerías.

Las piezas irregulares, blancas y pulidas, aparecían a los ojos de la bruja como un barco con velas de ala de cuervo, negras, hinchadas por el viento. A proa, en la distancia, cuatro picos de roca escarpada surgían de entre las olas del mar, y mas allá un árbol tan grande como una ciudad.

Había una tierra que coincidía con la descripción, un feudo de Bosque situado a orillas del Mar Feroz llamado Cuatro Garras. Allí comenzaría su búsqueda… ahora solo debía encontrar un barco de velas negras.



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Una respuesta a esta entrada.

  1. Publicado por Nicasia en marzo 10, 2010 at 9:23 am

    Me encanta!!!! mas cositas para leer!!! Está muy currado así que animo con ello!! (y engancha, así que no tardéis)

    Responder

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